Colonialismo, fútbol y desigualdad
Por Myriam Rebeca Pérez Daniel/// Ágora Digital
Colima,(16-06-2026).-¿Un campeonato mundial de fútbol en un mundo de profundas desigualdades tiene sentido? Los resultados suelen ser predecibles, justo porque de antemano se sabe qué selecciones llegan con ventaja, dada las condiciones en las que juegan y entrenan en la cotidianidad. Y esas selecciones suelen provenir de países que tienen ligas adineradas, que concentran el mayor número de estrellas y estadios en perfectas condiciones, que terminan por ofrecer un nivel competitivo constante.
Si bien no quedan exentos de prácticas de corrupción, que implica especulaciones en resultados y sistemas de apuestas tendenciosas, dichas prácticas no enturbian tan evidentemente los procesos de gestión y sostenimiento de una trayectoria deportiva, como en otras selecciones y naciones. Tampoco extraña que los resultados estén cantados, si se considera todo lo que acarrea la dinámica colonial, en donde las naciones del norte no sólo se enriquecen con los recursos naturales del sur, sino incluso con sus jugadores, expropiados por nacionalización.
Ahora, además, se ha normalizado que el acceso al espectáculo sea exclusivo, también, para las naciones que más recursos robados acumulan. ¿Qué sentido tiene una competencia así? Será lógico justificar al equipo que gane precisamente porque goza de todas las ventajas del capital. Y si bien hay pequeñas oportunidades para que, desde la desigualdad, los vencidos, los despojados, con algún toque de genialidad, metan un gol inesperado o, incluso, logren una esporádica victoria, nunca será suficiente para ganar el campeonato.
Al contrario, lo que se podrá anticipar es que el protagonista de la genialidad será inmediatamente cooptado por el capital, para expropiarlo y retirarlo de cualquier territorio del sur para llenar el espectáculo del norte capitalista y colonial. No tiene mucho sentido un campeonato así, como tampoco lo tienen las olimpiadas o cualquier otra competencia deportiva mundial. Las noticias se suelen llenar de tristes historias de personajes que, ante toda adversidad, sin ningún tipo de apoyo y con puro tesón, compite en este tipo de escenarios y logran una marca similar a los que, teniéndolo todo, terminan quedándose con las medallas y los trofeos.
¿Qué pasaría si este tipo de talentos tuviera realmente las mismas condiciones y el mismo tipo de apoyo? ¿Tendría sentido ver lo que logra cada uno en igualdad de condiciones? ¿Veríamos, ahí sí, una competencia justa? ¿Tendría sentido decir que el que gana es el mejor? A mi parecer, las naciones del norte colonial no tienen interés ni por el deporte, ni por reconocer lo que la humanidad podría lograr alcanzar en un ámbito deportivo. Estas competencias son sólo una forma de hacer notar sus pasados imperialistas, simulando una lucha con los vencidos con predecibles resultados. ¿A quién le puede interesar ese tipo de espectáculos? Cuidado con los intereses que se alimentan con estos eventos, cubiertos de positividad, alegando una tregua de paz y hermandad inexistentes. Solo es colonialidad disfrazada.

Myriam Rebeca Pérez Daniel, profesora-investigadora de la Universidad de Colima. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de SECIHTI. Líneas de investigación: Psicología educativa, análisis del discurso, comunicación intercultural y metodologías horizontales
Correo: mperez@ucol.mx
