Diálogo con Dios Crucificado
Screenshot
Por Richard Rohr.
Zacatecas,(03,04-2026).-Muchos años atrás, escribí una meditación que llamé “Un diálogo con el Dios Crucificado”, para ayudar a las personas a experimentar lo que tan tímidamente intento describir aquí. Sugiero que esperes hasta tener un espacio de tiempo libre, tranquilo y solitario, y reces en voz alta para que tus oídos puedan escuchar tus propias palabras salir de tu propia boca. En adición, sugiero que te sitúes ante una imagen tierna del Jesús crucificado, que te permitirá tanto dar como recibir.
Y debes saber dos cosas antes de comenzar:
• Necesitamos imágenes para revelar estados internos. Verás una imagen de lo que los humanos niegan y de lo que más temen: exposición, vergüenza, vulnerabilidad y fracaso. Como la medicina homeopática, Jesús se convirtió en una exhibición completa del problema a fin de liberarnos de ese mismo problema. La cruz retira la cortina de la negación y del miedo de nuestros ojos y psiquis. Jesús se convirtió en la víctima para que dejáramos de victimizar a otras personas u ocupar nosotros y nosotras el lugar de víctimas.
• Cualquier imagen auténtica del crucificado ya es una imagen de resurrección. Los brazos abiertos y la mirada comprensiva ya son la victoria sobre cualquier sufrimiento.
JESÚS TE HABLA DESDE LA CRUZ
Yo soy lo que más te asusta: tu yo más profundo, herido y desnudo. Soy lo que le haces a lo que podrías amar.
Soy tu bondad más profunda y tu más profunda belleza, la cual niegas y desfiguras. Tu única maldad consiste en lo que le haces a la bondad; a la tuya y a la de los demás.
Huyes de —e incluso atacas a— lo único que realmente te transformará. Pero no hay nada que odiar o atacar. Si lo intentas, te convertirás en una imagen reflejada de eso mismo.
Abrázalo todo en mí. Soy tú misma/o. Soy toda la creación. Soy todos y todas las cosas.
TÚ LE HABLAS AL CRUCIFICADO
Hermano Jesús, eres mi vida, la cual niego. Eres mi muerte, a la que temo. Abrazo ambas en ti. Ahora reconozco —a través de ti y por ti— que la muerte y la vida no son opuestas. Eres mi ser completo, expuesto. Eres el infinito en acción, lo cual me convierte en un infinito devenir. Esta es mi posibilidad divina. (Quédate con este pensamiento hasta que trascienda las palabras).
Tú, Hermano Jesús, eres mi alma terriblemente ignorada y descuidada. Eres lo que le hacemos a la bondad. Eres el alma atrozmente ignorada y descuidada de todas las cosas. Eres lo que le hacemos a lo que deberíamos y podríamos amar. Eres lo que nos hacemos lo/as una/os a la/os otra/os. Eres lo que le hacemos a la Realidad que tenemos justo enfrente. Eres lo que nos hacemos a nosotro/as mismo/as. (Quédate con esto hasta que se hunda dentro de ti).
Odio y temo las mismas cosas que me salvarán. Que este pensamiento me ayude a amar a estas cosas, a ser paciente con ellas e incluso a perdonarlas.
Simplemente no puedo dejar que nadie me ame “sin motivos”. Insisto en ser digna/o y merecedor/a. Y luego demando lo mismo en lo/as otro/as. Aun así, tus brazos permanecen extendidos y abrazan a todo el mundo.
Solo tú, Cristo Jesús, te niegas a ser un crucificador, aun al costo de ser crucificado. Nunca juegas a ser la víctima ni pides venganza, sino que infundes un perdón universal sobre el universo desde la posición de crucificado, tu trono del revés.
Nosotro/as lo/as humano/as muy a menudo nos odiamos a nosotro/as mismo/as, pero en su lugar te matamos a ti y otro/as incorrectamente.
Siempre supiste que haríamos esto, ¿no? Y lo aceptaste.
Ahora me invitas a que salga de este ciclo perpetuo ilusorio y de violencia hacia mí mismo/a y hacia cualquier otra persona.
Quiero dejar de crucificar tu bendita carne, esta humanidad bendecida, esta santa madre tierra.
Te agradezco, Hermano Jesús, por convertirte en un ser humano y caminar todo el viaje conmigo. Ahora no tengo que aparentar que Yo soy Dios.
Solo saber que lo estamos haciendo junto/as es más que suficiente y más que bueno. Te agradezco por volverte finito y limitado, así no tengo que pretender ser infinito/a o ilimitado/a.
Te agradezco por hacerte inferior y pequeño, así no tengo que pretender ser más grande y superior que alguien.
Te agradezco por llevar nuestra vergüenza y desnudez en público de manera tan audaz, por lo que no necesito ocultar ni negar nuestra realidad humana.
Te agradezco por aceptar la exclusión y la expulsión al ser crucificado “fuera de los muros”, permitiéndome saber que es exactamente allí donde te conoceré.
Te agradezco por hacerte débil, así no tengo que fingir ser fuerte.
Te agradezco por estar tan dispuesto a ser considerado imperfecto, errado, y extraño, así no tengo que ser perfecto/ao estar en lo correcto, o idealizar aquello que llamamos normal.
Te agradezco por no ser amado/a o querido/a por mucho/as, así no tengo que esforzarme tanto para ser amado/a y querido/a por alguien.
Te agradezco por ser considerado/a un fracaso, por lo que no tengo que fingir ni intentar ser un “éxito”.
Te agradezco por permitirte ser considerado/a incorrecto/asegún los estándares del estado y la religión, por lo que no tengo que estar en lo cierto en ningún lado.
Te agradezco por ser pobre en todo sentido, así no tengo que buscar ser rico/a en ninguna manera.
Te agradezco, Hermano Jesús, por ser todas las cosas que la humanidad desprecia y teme, ¡por lo que puedo aceptarme a mí mismo/a y a todo/as lo/as demás dentro y a través de ti!
Jesús crucificado, te agradezco por revelarme todas estas cosas en una gran imagen de introspección y misericordia. Lo que dijeron lo/as místico/as medievales es cierto, Crux probat omnia: “La cruz legitima/ prueba/ usa todo”. (Quédate con esta máxima cristiana hasta que tenga sentido en ti).
Quiero amarte de esta forma, Hermano Jesús; necesito amarte de este modo, o nunca seré libre o feliz en este mundo.�Tú y yo, Hermano Jesús, somos, en Dios, uno/a mismo/a (Jn 17,21)
