Ante la sucesión en el SPAUAZ
Por Juan Antonio Pérez ///Ágora Digital
- «Haced política, porque si no la hacéis, alguien la hará por vosotros y probablemente en contra de vosotros» (Antonio Machado 1875 -1939
Zacatecas,(17-04-2026).-El Sindicato de Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) ha sido conducido a la adultez de la mano de la Dra. Jenny González Arenas y de no continuar con el proceso de rescatar a la organización gremial de cualquier órgano de poder, universitario o externo, las consecuencias serían desastrosas, tanto para las condiciones laborales del personal académico, como para la calidad de los servicios que la UAZ entrega a la sociedad zacatecana. La independencia sindical es pues un aval sine qua non de la calidad académica y educativa.
La estulticia de considerar a la secretaría general del SPAUAZ como una dependencia más de la rectoría ha calado tan hondo en la comunidad académica que algunos líderes de colectivos políticos no se ruborizan, en lo más mínimo, al admitir que «negocian» con la rectoría la sucesión en la dirección del SPAUAZ. La universidad que la sociedad merece está llamada a terminar con esa perversa comunión.
Cierto es que cada funcionario institucional es en principio un académico universitario, carácter que por supuesto no pierde por el hecho de incorporarse a la administración de la casa de estudios, sin embargo, la ética más elemental indica que mientras de detente un cargo, debe manejarse al margen de las dinámicas sindicales. La rectitud no es tan complicada cuando se adopta como hábito y es, huelga indicarlo, una experiencia que conlleva satisfacción perenne.
Como bien señala el periodista Gerardo Romo en su columna «A lápiz …» el SPAUAZ está obligado, sobre todo por su composición, a dar lecciones de civilidad y madurez política, sin embargo, hay una limitante que no puede ser ignorada: que como producto de las prácticas viciadas, los principios éticos no se distribuyen tan uniformemente como es de esperarse. Con la secretaría general coptada por la rectoría, los votos de los agremiados están condicionados por el mecanismo de su ingreso o su promoción. Es libre quien siguió los procedimientos contractuales, pero quien optó por depender de favores el lugar de prepararse y ganar la posición, tendrá que pagar con votos, sacrificio de la dignidad y bajando la vista cada que el tema sea el mecanismo de su promoción laboral.
La férrea defensa de los mecanismos contractuales es la mejor manera de promover la independencia sindical y paralelamente de garantizar la calidad académica del personal docente, así como su vocación por la expansión y desarrollo del conocimiento. Un resultado es que la labor universitaria se conciba como un servicio a la sociedad y no únicamente como una «chamba» cuyo objetivo exclusivo es el arribo puntual de la quincena. Y no se trata de romantizar la vida universitaria, el punto es devolverle su noble naturaleza y la entrega que supone.
Al igual que la división de los poderes fortalece a la República y el ejercicio de la administración pública, la independencia del sindicato respecto de la rectoría y de esta del gobierno de Zacatecas, son medidas indispensables de asepsia política, vigorizando a cada una de las instituciones. La intromisión ha demostrado ser de una gran toxicidad, nos corresponde reconocer y consecuentemente, corregir.
En la citada columna, Romo previene acertadamente de los males que acarrea el culto a la personalidad, es por ello que en los estatutos del SPAUAZ se prohíbe la reelección, pues como fue señalado por Heberto Castillo con toda claridad «cuando el poder se concentra en pocas manos, termina por corromperse«. Es justamente por ello que el poder del gobierno no debe coaccionar a la universidad pública, ni la administración de ésta a sus sindicatos, aunque, como también apuntó Heberto “no hay perro que suelte el hueso por las buenas”.
Romo señala textualmente un asunto particularmente delicado «Que las profesoras y profesores del SPAUAZ , sobre todo aquellos que son más jóvenes y cuya modalidad de contratación es por honorarios sientan que su gremio los respalda de tal manera que sean capaces de protestar y exigir de su sindicato y de rectoría condiciones laborales dignas que pongan freno a la precarización existente«. Es delicado justamente porque la reclutación por honorarios es violatoria de la contratación colectiva, lastimando los derechos del personal contratado legalmente y elude los mecanismos de evaluación orientados a avalar la solvencia académica, por lo que constituye una seria patología institucional.
La legalidad consiste en la observación de los mecanismos establecidos en el contrato colectivo de los académicos, no se compone de protocolos vacíos, su función es garantizar que se siga el camino hacia la excelencia en las funciones sustantivas de las universidad, que según los resolutivos del Congreso General de Reforma de 1997 son: docencia, investigación, extensión y difusión de la cultura. La tarea de la administración por su parte, es lograr la eficiencia y eficacia de los órganos dedicados a ejercer las funciones adjetivas del quehacer universitario: administración, legislación, organización y logística.
La grillocracia universitaria aniquila todo sentido de identidad institucional. Hace falta voluntad política y ejercicio ético de cada una de las funciones. Cada quien en su tarea y todos para la UAZ. La independencia sindical es un ingrediente básico, y solo puede garantizarse construyendo sobre lo cimentado por la Dra. Jenny González. Quien tome la estafeta deberá asumirla a sabiendas de que en la cima los vientos son más inclementes.
Por desgracia, la ignominia persigue a la UAZ. Se menciona entre los posibles candidatos a Noemí Pinedo, hermana de la titular de la SEDUZAC, lo que colocaría al SPAUAZ en manos del ejecutivo estatal. Otro mencionado es Hugo Pineda, procesado y confeso por hostigamiento sexual probado, y cuyo acceso a alguna representación representaría una grave regresión, dados los bochornosos casos que todos recordamos. Este último tiene además una carpeta (660-MIX/2012) por lesiones en la que la víctima, mediante engaños, le otorgó el perdón.
La sola mención de que tales candidaturas sean posibles es un claro indicio de la óptica clientelar de la política universitaria, donde no hay frenos morales ni escrúpulo alguno: todo se reduce a poder y control. Ojalá que quienes han ideado tales postulaciones reflexionen pensando en la institución; improbable, pero no imposible.
