Angela y Gina, el abrazo de la revolución afro-feminista en la UNAM

Ciudad de México,(27-08-2026).-Creo que dormí profundamente porque la jornada de ayer fue agotadora: pasé más de 16 horas fuera de mi casa. Para poder ir a la conferencia tuve que detener todo durante un día entero: trabajo, estudio, cuidados, pareja y vida cotidiana. Literalmente me abstraje de mi vida. Era algo que necesitaba hacer, aunque tuvo un costo que seguramente pagaré muy pronto con cargas terribles de trabajo para reponer todo lo que no hice.

Para mí y para muchas mujeres afros y negras, ver, escuchar y sentir la presencia de mujeres como Angela Davis y Gina Dent constituye un hecho histórico. Su pensamiento ha marcado nuestras vidas, nuestras luchas y nuestra manera de comprender el mundo. No digo que esto sea así para todas ni que deba producirnos los mismos efectos. Digo que muchas de quienes estábamos ahí compartíamos razones profundas para estar presentes.

Creo que todas las mujeres afros y negras deberíamos tener la posibilidad de leerlas, conocerlas, discutirlas y reflexionar críticamente sobre su pensamiento. Sin convertirlas en figuras incuestionables ni exigir una única manera de acercarnos a ellas. Porque les tengo noticias, son humanas y han cambiado de opinión, cometido errores, etc.

Muchas compas afros y negras no alcanzaron a entrar. Muchas tenían que trabajar, estudiar, cuidar o simplemente continuar con la vida y no podían asumir el privilegio y el costo de formarse desde la mañana. Me dio mucha tristeza que tantas se quedaran afuera.

Ayer lo dije de broma, pero lo sostengo seriamente: la UNAM debió adoptar alguna medida reivindicativa para garantizar el acceso prioritario de mujeres y hombres afros y negros. La responsabilidad no era de Angela ni de Gina, sino de la institución organizadora. En fin, seguiré soñando.

Yo llegué, encontré a mis amigas de la maestría y fue muy lindo verlas y estar con ellas. Ya existía la autogestión de asignarnos números y ayudamos a organizar las filas. Después del número cien o algo así, todo empezó a descontrolarse, jajajaja, pero ya estábamos formadas y aquello rebasaba por mucho nuestra voluntad organizativa. Además había personal para eso.

Fueron alrededor de diez horas de espera, plática, juegos y chisme. Mi banda jochis fue llegando de una en una. Tenía muchísimo tiempo sin verles y me encantó encontrarnos. Fui feliz.

En la fila había todo tipo de personas. La mayoría eran mujeres jóvenes, pero también había hombres y personas de las disidencias sexuales. Claro que había feministas separatistas y claro que llegaron temprano para verla desde adelante. Y está bien. Todo mundo tenia derecho a entrar y verlas si cumplía con el requisito, formarse.

Pues ellas, se formaron, esperaron durante horas, no se metieron en broncas y qué bueno que fueron. Qué bueno que personas con pensamientos distintos puedan escuchar a Angela y a Gina.

Yo no iba a aplicarle un examen de pureza política a nadie ni a exigirle que acreditara conocimientos previos. Hubo chicas que se acercaron a preguntarme por qué estábamos formadas y quién era Angela Davis. Desconozco si se quedaron, se fueron o investigaron después, pero todas las personas hemos llegado alguna vez a escuchar por primera vez a una teórica sin tener un conocimiento vasto sobre su pensamiento. También así comienzan algunos encuentros que después transforman una vida.

Cuando estábamos a punto de entrar comenzaron a llegar las personas invitadas, quienes ingresaban por otra puerta. Ya lo esperábamos y decíamos: “Van a ser cien o doscientas; ya no estaremos adelante”. Para nuestra grata sorpresa, las ubicaron en la parte superior y quienes llevábamos horas y horas formadas sí pudimos ocupar los lugares de adelante. Eso estuvo chidoooooo.

Obviamente yo era la más emocionada. Mi foto en La Jornada lo dice todo.

Desde que entramos comenzaron las consignas. Era evidente que habría protestas. También comenzaron las pintas y parecía que las autoridades permitirían que pintaran lo que quisieran, pero era previsible que la protesta llegaría al interior.

El vato que subió al escenario no estuvo formado todo el tiempo. Llegó al final y se incorporó a la fila. Como ya estábamos avanzando, nadie armó bronca. Además, muchas dejamos pasar a alguna amistad y, si él tenía boleto, pues ya qué: que entrara.

Cuando salieron Angela y Gina, la emoción fue total. Inmediatamente comenzó la protesta, sobre la cual ya escribí ayer (vaya a leer esa postura porque este post es para la conferencia). En resumen estoy a favor de la protesta que se armo y la apoyo.

Finalmente pudimos escucharlas y estuvieron increíbles. Claro que grité, aplaudí, lloré y me conmoví. Si no han visto la transmisión, véanla. Me habría encantado escucharlas durante más tiempo. Sí, habría planteado otras preguntas y, claro, me habría fascinado que leyeran la mía. Siiiiii. Pero lo que escuché fue profundamente satisfactorio y sigo feliz.

Hablaron de la importancia de la lectura y de su enorme relevancia para las personas privadas de la libertad. Angela recordó el lugar que tuvieron los libros durante el tiempo en que estuvo encarcelada y contó que ha dedicado todos estos años a leer. Yo tampoco puedo imaginar un mundo sin libros.

Gina recomendó Read Until You Understand: The Profound Wisdom of Black Life and Literature, de Farah Jasmine Griffin. Lo voy a leer.

También hablaron de lo que significa escribir colectivamente. No se trata de que una persona escriba el apartado A, otra el B y después se peguen las partes. El libro fue construido párrafo por párrafo entre cuatro pensadoras. Aunque comparten una militancia feminista abolicionista y trayectorias cercanas, escribir juntas no fue sencillo.

La colectividad tampoco es automática. Exige discusión, escucha, negociación y disposición para que las ideas propias sean modificadas por las demás.

Nos convocaron a promover el trabajo colectivo. Y sí, una sola mirada no alcanza para analizar fenómenos tan complejos como el racismo, el sistema carcelario, el punitivismo, las violencias de género contra las mujeres y las disidencias sexuales, los feminicidios, las desapariciones, ni tantos otros problemas que afrontamos como sociedades.

Gina Dent explicó que el feminismo abolicionista implica crear un mundo nuevo, reconocer las prácticas que ya existen pero han sido negadas por el racismo y la segregación de género, y construir una relación distinta con el poder. Lo expresó con una frase poderosísima: “Colectivizar lo que se descolectiviza”.

El abolicionismo feminista tampoco se limita a derribar cárceles, policías o estructuras de vigilancia. Exige redefinir qué entendemos por seguridad y construir otras formas de poder, cuidado, responsabilidad y reparación. Las luchas feministas y las abolicionistas están profundamente entrelazadas, interseccionadas.

Angela Davis contó que las autoras buscaron incorporar incluso las posiciones de quienes consideran que el aparato penal actual puede servir para erradicar la violencia contra las mujeres.

“Debemos pensar de manera más compleja. Nuestro pensamiento en torno al feminismo abolicionista siempre ha sido impulsado por la necesidad de pensar más profundamente”, dijo.

También preguntó cuánto tiempo nos ha tomado comprender que debemos oponernos al racismo en todas partes, incluido un país como México, atravesado por la esclavitud y el colonialismo, componentes históricos del capitalismo racial. Planteó al feminismo abolicionista como una forma revolucionaria de pensamiento para enfrentar el capitalismo y el colonialismo.

Porque la tarea no termina en abolir. Nos toca construir, y construir requiere colectividad. Co lec ti vi dad. Repitamos varias veces.

La frase que atravesó la noche llegó cuando le preguntaron por la esperanza en estos tiempos que parecen empeñados en destruirla. Respondió que la desesperanza no es una opción. Ahí lloré y me emocioné muchísimo.

Angela habló del contexto en el que creció en Birmingham, Alabama, uno de los territorios más violentamente racistas y segregados de Estados Unidos. Comenzó a luchar desde los once años. Tiene 82 años, casi 83 y ha dedicado prácticamente toda su vida a la lucha política.

“La esperanza es una disciplina”. «La desesperanza no es opción».

La esperanza se construye trabajando, organizándose, cruzando fronteras y escuchando experiencias que suelen quedar fuera de los circuitos dominantes del conocimiento. El activismo produce esperanza porque luchamos para que las cosas sean diferentes algún día. No podemos sentarnos a esperar que cambien solas.

También habló de las emociones que pueden terminar haciendo el trabajo de la derecha y del Estado.

Y claro, mantenernos peleando constantemente, sin espacio para las alianzas, el aprendizaje, la transformación ni la construcción colectiva, es una estrategia que funciona casi en automático.

Esto tampoco significa renunciar a la crítica, tolerar violencias o dejar de exigir responsabilidades. Significa revisar cuándo nuestras respuestas ayudan a transformar las relaciones de poder y cuándo solamente reproducen aislamiento, castigo y fragmentación.

“Tenemos que hacer una revolución para derrotar el capitalismo y el colonialismo. Tenemos que cuestionar las maneras en las que nuestras emociones a menudo hacen la labor del Estado y revisar las políticas carcelarias”.

Siempre me han dicho que soy tibia y que tengo amigas aquí, allá y en todas partes. Pues sí, tal vez.

Procuro militar sin clausurar de antemano la posibilidad de escuchar un pensamiento ajeno, incluso cuando me resulta chocante y cuestiona profundamente lo que creo.

Escuchar tampoco supone considerar que todas las ideas son igualmente legítimas ni guardar silencio frente a discursos que niegan derechos o reproducen violencias. Significa permitir que aquello que escucho me obligue a pensar, argumentar y construir una postura propia.

Porque es evidente que tengo una postura. Lo que ocurre es que procuro no cancelar, no funar y no convertir cada desacuerdo en una condena pública. Señalo pocas veces, quizá menos de las necesarias, y eso también tengo que revisarlo.

Hace diez años yo ni siquiera estaba cerca del lugar político en el que me encuentro ahora. No sería amiga de muchas de uds jejeje.

Para avanzar hacia una posición en la que me siento más coherente conmigo misma y con la conciencia más tranquila, tuve que sentarme a escuchar y leer muchas ideas que entonces me parecían insoportables. Escuchar no debilitó mis convicciones: me permitió construirlas.

Después de más de 16 horas fuera de casa y diez horas de espera, regresé agotada, conmovida y llena de preguntas. También regresé recordando que ninguna lucha es individual. Necesitamos leer, organizarnos, disentir, escucharnos y construir colectivamente aquello que todavía no existe.

Y sí: todo ese cansancio valió la pena. Sigo feliz para mi, Edith, fue una experiencia que atesorare muchísimo. El día que ví a Angela Davis y Gina Dent y fui feliz.

Tan tan

P.D. Las escuche sin traducción simultánea y me siento muy feliz de escucharlas directamente sin una voz ajena como intermediaria. Según yo, les entendí todo. No sé por qué me sigue dando tanto miedo el inglés. Ya lo voy a hablar no podré hacerlo peor que cuando lxs gringxs machacan nuestro español y aún así les entendemos. Ahora hablenme en inglés, jajajaja

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *