Escuela y fascismo

Mercurio

Ciudad de México,(06-08-2025).-Nadie puede negarlo. Mucho de la situación actual de resurgimiento del fascismo y otras abominaciones, tiene culpables, y la escuela y sus oficiantes tienen graves deudas. En el libro Los banqueros secretos de Hitler se hace una acusación muy seria: «sólo un gremio dio mayor apoyo a los nazis que los banqueros: los maestros». Si esto es verdad, es terrible y a primera vista inexplicable, que hayan sido los docentes, gente como nosotros, a quienes los padres de familia y la sociedad nos delegan gran parte de la formación de niños y jóvenes, responsables entre otras cosas de la mayor destrucción bélica de la historia, del Holocausto, de la destrucción sistemática de todos aquellos que eran diferentes, de la intolerancia, del culto a la muerte.

Venus

Aunque, buscando en la historia y en la literatura, esta extrañeza, desafortunadamente, no debería ser. Recordemos al maestro de Sin novedad en el frente como el principal promotor del reclutamiento de jóvenes para la primera guerra mundial. En esta poco honrosa lista podríamos incluir, también, a los profesores fascistas italianos y españoles, a quienes desde las aulas cantaron loas al estalinismo o a infinidad de profesores mexicanos empeñados en enseñar a callar y obedecer.

Tierra

Claro, tenemos en nuestro descargo verdaderos héroes de la libertad, de la búsqueda del conocimiento. Recordemos a fray Luis de León, quien después de pasar cuatro años encarcelado por esa vergüenza imborrable para el catolicismo, regresó a la universidad de Salamanca para reiniciar su clase con su «Dicebamus hesterna die» le niega importancia al horror, o de los cientos de profesores libertarios españoles que llegaron a México a seguir formando hombres libres y críticos una vez que en su propia patria se enseñoreaba el oscurantismo.

Marte

Por otra parte, estoy convencido de que existe en muchos docentes un verdadero sentimiento de apostolado. ¿Cómo, de otra manera, podría explicarse el sacrificio de miles de maestros normalistas que sobreviven con sueldos de miseria? ¿Qué decir del gusto por dedicar horas/días/vidas a enseñar lo que se sabe aunque el compañero de generación gane el doble por hora o más de un profesor universitario?

Cinturón de asteroides

¿Qué pasa entonces? Creo que muchas veces, los maestros nos equivocamos y cometemos errores tremendos por culpa de esos dos pecados que siempre vienen juntos: soberbia/autodesprecio. Discutimos en foros y maestrías sobre la grandeza de nuestra labor, nos vemos a nosotros mismos como formadores, como creadores, y para emplear la frase hecha, jugamos al aprendiz de hechicero. Formamos hombres de barro y creemos como el rabino Löw del gueto de Praga que la manipulación del nombre divino de Dios (o de la ciencia, de la fe, del civismo o la razón) nos convertirá en creadores… y como el rabino, nos falta una letra y hacemos un golem, un ser vivo, pero incompleto.

Júpiter

Creemos que tenemos el poder, pero nos rendimos servilmente a él. Nos sentimos menos y tratamos entonces, de ser esclavos y participar de las migajas de los poderosos… o, al menos, eso es lo que ocurría en la Alemania nazi. Ante la angustia de poder enseñar, de mostrarse útiles ante el amo totalitario, de desear participar en el banquete de las sobras y nos enfrentamos a un dilema moral que deja muy atrás el problema de si es práctico o no emplear estudios de caso, lograr una enseñanza de calidad, buscar nuestro queso o en lugar de maestros, educadores o docentes, optar por el ridículo término de «facilitadores».