Mercurio

Ciudad de México,(27-11-2025).-Me preocupa, me angustia, me indigna. Cada vez más, algunos mexicanos traidores, de la estirpe de Juan Pamuceno y otros, piden —en inglés, incluso— que vengan los gringos, ¡qué venga Trump! (horror de los horrores) a salvar a México de lo que ellos, desde sus ópticas estrechas, torpes, subnormales, ven como un apocalipsis. Me preocupa, me angustia, me indigna, que no solo son las voces de políticos ridículos como Téllez o capitalistas carroñeros como Salinas, quienes apoyan semejante despropósito, sino muchos jóvenes que, por lo visto, pasaron por las aulas sin aprender ni la o por lo redondo, como dicen que decían los viejitos de cuando yo era joven.

Venus

México ya ha sido beneficiario (¡ajá!) del influjo pacificador y civilizador de Estados Unidos. ¿No recuerdan la guerra de Texas? Está bien, no fue contra Estados Unidos en sí, sino contra la República de Texas (guiño, guiño); México perdió y se quedó con lo que ahora es un estado que los mismos estadounidenses (como Stephen King) han calificado como “la máquina de matar”; luego, la invasión gringa que nos despojó oficialmente de más de la mitad de nuestro territorio. Ahora, los panegiristas de la invasión, dicen: “vean cómo ellos hicieron emporios de lo que los mexicanos teníamos olvidado”.

Tierra

La verdad es que Estados Unidos robó territorios extraordinariamente valiosos que potencializaron su crecimiento, al tiempo que empobrecieron nuestro país y lo dejaron sumido en el caos. Como ahora Trump y sus corifeos, en ese país de trató de justificar la invasión con argumentos aterradoramente actuales, como Thomas Ritchie, editor de The Washington Union, quien respaldó la narrativa de Polk y argumentó que México era incapaz de administrar sus territorios del norte y que su país aportaría “progreso”, o Jefferson Davis, senador en 1847 y futuro presidente confederado, quien justificó la expansión territorial alegando superioridad institucional y cultural: México “no había logrado desarrollar sus recursos”.

Marte

Después de la guerra contra Estados Unidos, el país ha seguido invadiendo México. Entre 1846-1860 se dieron las incursiones de filibusteros que aunque no eran oficiales, eran toleradas por nuestro «amigo” del Norte. Durante la Guerra de Reforma (1858-1861) se dieron constantes intervenciones en la frontera, bajo el pretexto de perseguir apaches y comanches; tras la Guerra de Secesión (1865-1867) los estadounidenses ocuparon puntos fronterizos; entre 1916-1917 padecimos la Expedición Punitiva, dirigida por John J. Pershing (quien sería figura sobresaliente en la primera Guerra Mundial) a raíz del ataque de las tropas villistas a Columbus. Los estadounidenses llegaron a 500 kilómetros de la frontera (por cierto, su misión fue un fracaso) y duró once meses. En 1914, Estados Unidos ocupó el puerto de Veracruz, de abril a noviembre; ese mismo año, los gringos ocuparon Tampico. A lo largo de 1920 hubo presiones militares durante la década de 1920, particularmente durante la Rebelión Delahuertista (1923) y los levantamientos cristeros entre 1926-1929, donde además se dieron sobrevuelos sin autorización.

Cinturón de asteroides

Y no estamos contando intervenciones económicas, navales o coercitivas sin ocupación durante los siglos XIX y XX, como bloqueos navales frente a Baja California por reclamos de compañías estadounidenses (1851-1852); amenazas de intervención por disputas petroleras (1927-1938), y más modernamente, situaciones como la Operación Cóndor, iniciada en 1977 por López Portillo, en la que bajo el pretexto de ¡la guerra contra las drogas! se intervino militarmente en Sinaloa, causando dolor y muerte en la zona (y muy bajo resultado contra el narcotráfico) con el apoyo directo de la DEA y, muy probablemente, de la CIA.

Júpiter

A todos los cipayos. Estados Unidos ha invadido México y jamás, en ninguna ocasión, ha resultado en una mejora para nuestro país. Por otra parte, tampoco estamos hablando de las invasiones de ese país a otros del mundo, lo que haremos en otra ocasión.