La gran mentira de la UAZ
Alumnos de la UAZ en clases foto: Cortesía Comunicación social de la universidad
Por Gerardo Romo///Ágora Digital
Zacatecas,(25-05-2026).-Una de las mentiras más grandes que nos han querido hacer creer en la Universidad Autónoma de Zacatecas es que “el alumno es el centro de la universidad y su razón de ser”. FALSO.
Esa falsedad se constata en los documentos básicos fundacionales de la UAZ, empezando por la Ley Orgánica, la cual contiene la misión, organización, funcionamiento y gobierno de la universidad; en sus 74 artículos y 5 transitorios apenas señala, en el numeral uno del artículo cuarto, que impartirá educación “de modo que se obtenga la adecuada preparación del estudiante”. Omite decir que el estudiante, la alumna y el alumno son el centro de la universidad.
Y esa gran omisión no es menor, pues es claro que lo que no se nombra, no existe.
El sofisma motivo de este texto lo han repetido, al menos, los últimos cinco exrectores, incluido, desde luego, el actual, el doctor Ángel Román Gutiérrez, quien apenas el 21 de mayo entregó un centenar de reconocimientos a estudiantes con los mejores promedios de todas las unidades académicas.
El artículo 57 de la Ley Orgánica de la UAZ apenas refiere que “son estudiantes de la UAZ quienes estén inscritos formalmente en un programa sancionado por el Consejo Universitario”. Nada más. Sobre el compromiso de la UAZ con las y los estudiantes, la Ley Orgánica es omisa.
Considero urgente que la UAZ convoque a una sesión del Consejo Universitario en la que se establezca, en su Ley Orgánica, el compromiso de que efectivamente las y los estudiantes son el centro y la razón de ser de la institución, así como el compromiso que ello implica, a grado tal de que la propia universidad debiera adaptarse a las necesidades de las y los alumnos, de ser necesario, y romper así con el adultocentrismo predominante como parte de la estructura patriarcal de la institución.
Apenas el Estatuto General de la UAZ, en su artículo 132, define a los estudiantes como lo hace la Ley Orgánica en su escueto artículo 57. Nada más. Y en el capítulo tercero, referente a los estudiantes, se señala que adquiere esa condición quien se inscribe en la UAZ. Para reinscribirse, una condición fundamental es que el estudiante “no tenga adeudos con la institución”, al tiempo que advierte: “La Universidad admitirá a todos aquellos estudiantes que le permitan sus recursos y su plan de desarrollo”. Es decir, el valor fundamental por el que se decide si un alumno entra o no a nuestra universidad es el factor económico.
El Estatuto General tampoco enuncia que las y los estudiantes son el centro y razón de ser de la universidad, pero establece con claridad amenazante las causas por las que ellas y ellos pueden dejar de ser parte de la institución en caso de incumplir compromisos académicos y salirse de la disciplina de las normas.
Si no me cree que el alumno y la alumna no son lo más importante en la UAZ, ¿por qué siete de cada diez mujeres estudiantes han sufrido y sufren algún tipo de violencia dentro de la institución?
¿Por qué, cuando una estudiante o un estudiante se quejan ante una instancia por una mala práctica docente, estas no proceden o se pierden? ¿Por qué el Sindicato del Personal Académico de la UAZ es omiso también ante los abusos de docentes contra alumnos y alumnas? ¿Por qué se han suicidado alumnas y alumnos a causa de presiones académicas y la institución no ha desarrollado medidas claras de no repetición?
¿Por qué el proceso de enseñanza-aprendizaje en las aulas de las distintas unidades académicas es, muchas veces, más cercano al tormento y al abuso de poder que a una experiencia conmovedora, fascinante y alegre?
¿Por qué en la UAZ los votos de las y los estudiantes valen menos que los de los docentes al momento de elegir al hombre o la mujer que quiera ser rector o rectora cada cuatro años?
¿Por qué, si le importan tanto a la UAZ sus estudiantes, la mayoría de ellas y ellos —más de 40 mil— no saben que existe una Defensoría Universitaria, la cual ha sido por décadas inoperante, con titulares que ni siquiera acuden a ella, aunque hayan sido reelectos hasta en tres ocasiones o más?
Si los alumnos son lo más importante, ¿por qué en la Unidad Académica de Matemáticas a una alumna oriunda de Durango no la dejaron continuar sus estudios, obligándola a decidir entre estudiar o trabajar? Ahora ella debió dejar su sueño de ser matemática y permanece en un changarro de hamburguesas luchando por sobrevivir ante la indolencia de la institución.
El Reglamento Escolar de la UAZ advierte de inicio que ignorarlo no justifica su incumplimiento, pero el documento ignora y omite que el estudiante y la estudiante son el centro de la universidad y la razón de ser de la institución. Lo demás… es la norma.
