Ponen multimillonarios en jaque a la mayoría más pobre del planeta
Un hombre carga costales sobre el eje central en el Centro Histórico. foto: Mario Jasso Cuartoscuro
Por Gerardo Romo/// Ágora Digital
- La tributación a menudo falla donde más se necesita: en la cima, donde .los ultrarricos evaden los impuestos; el pago de impuestos sobre la renta aumentan de forma constante para la mayoría de la población, pero disminuyen drásticamente para los multimillonarios y centimillonarios. Estas élites pagan proporcionalmente menos que la mayoría de los hogares con ingresos mucho más bajos. Este patrón regresivo priva a los estados de recursos para inversiones esenciales en educación, sanidad y acción climática, al tiempo que socava la equidad y la cohesión social al reducir la confianza en el sistema tributario.
Ciudad de México,(11-12-2025).- El 0.001 por ciento del total de la población en el mundo, que equivale a 60 mil multimillonarios en el mundo, controla hoy en día tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad, señala el Informe sobre la Desigualdad Global 2026. «El resultado es un mundo en el que una pequeña minoría ejerce un poder financiero sin precedentes, mientras que miles de millones de personas siguen excluidas incluso de la estabilidad económica básica», sentencia el documento de 208 páginas.
El informe precisa que desde la década de 1990, la riqueza de los multimillonarios y los centimillonarios ha crecido aproximadamente un 8 % anual, casi el doble de la tasa de crecimiento experimentada por la mitad más pobre de la población. Los más pobres han obtenido ganancias modestas, pero estas se ven eclipsadas por la extraordinaria acumulación en la cima. «La desigualdad extrema de la riqueza está aumentando rápidamente».
La desigualdad, dice el informe está arraigada en las estructuras de la vida cotidiana, determinando qué trabajo se reconoce, qué contribuciones se recompensan y qué oportunidades se ven limitadas. Entre las divisiones más persistentes y generalizadas se encuentra la brecha entre hombres y mujeres.
A nivel mundial, las mujeres captan poco más de una cuarta parte de los ingresos laborales totales, una proporción que apenas ha variado desde 1990.
«Las mujeres siguen trabajando más y ganando menos que los hombres, las mujeres trabajan en promedio 53 horas semanales, en comparación con las 43 de los hombres, una vez que se tiene en cuenta el trabajo doméstico y de cuidados, sinembargo; su trabajo se valora sistemáticamente menos,excluyendo el trabajo no remunerado, las mujeres ganan solo el 61% del ingreso por hora de los hombres; cuando se incluye el trabajo no remunerado, esta cifra se reduce a tan solo el 32%.
Estas responsabilidades desproporcionadas restringen las oportunidades profesionales de las mujeres, limitan la participación política y ralentizan la acumulación de riqueza. Por lo tanto, la desigualdad de género no es solo una cuestión de justicia, sino también una ineficiencia estructural: las economías que infravaloran la mitad del trabajo de su población socavan su propia capacidad de crecimiento y resiliencia».
En Oriente Medio y África del Norte, la participación de las mujeres en el trabajo es de tan solo el 16 %; en Asia Meridional y Sudoriental, del 20 %; en África Subsahariana, del 28 %; y en Asia Oriental, del 34 %. Europa, América del Norte y Oceanía, así como Rusia y Asia Central, presentan mejores resultados, pero las mujeres aún captan solo alrededor del 40 % de los ingresos laborales.
El informe detalla algunoshallazgos fundamentales:
a) La desigualdad sigue siendo extrema y persistente; se manifiesta en múltiples dimensiones que se entrecruzan y se refuerzan mutuamente; y transforma las democracias, fragmentando coaliciones y erosionando el consenso político.
b) La desigualdad puede reducirse con políticas como las transferencias redistributivas, la tributación progresiva, la inversión en capital humano y el fortalecimiento de los derechos laborales han marcado la diferencia en algunos contextos.
c) Propuestas como los impuestos mínimos sobre el patrimonio de los multimillonarios ilustran la magnitud de los recursos que podrían movilizarse para financiar la educación, la salud y la adaptación climática.
d) Reducir la desigualdad no solo se trata de equidad, sino que también es esencial para la resiliencia de las economías, la estabilidad de las democracias y la viabilidad de nuestro planeta.
. La desigualdad en México
La desigualdad en nuestro país sigue siendo según el informe global 2026 una de las más altas en el mundo en términos de ingresos y riqueza.
Y como muestra un boton: El 10% más rico posee alrededor del 71% de la riqueza total y el 1% con más ingresos, alrededor del 38%.
La brecha de ingresos entre el 10% más rico y el 50% con menos ingresos se redujo de 111 a 76 entre 2014 y 2024, lo que sugiere un progreso limitado en la reducción de la desigualdad.
«En México, la desigualdad sigue siendo extremadamente alta, pero ha disminuido modestamente durante la última década, el 10% de los que más ganan capta alrededor del 59% del ingreso total, mientras que el 50% con menos ingresos recibe solo el 8%.», establece el informe.
Las disparidades en la riqueza son aún mayores: El ingreso promedio per cápita es de aproximadamente 13,500 euros (PPA), mientras que la riqueza promedio alcanza alrededor de 42,000 euros (PPA). La participación laboral femenina aumentó del 31.1% al 33.8%, lo que indica una mejora gradual.
Redistribución, impuestos y evasión
El estudio de la desigualdad entre países y a lo largo del tiempo revela que las políticas públicas pueden, efectivamente, reducirla, las transferencias redistributivas han reducido significativamente la desigualdad en todas las regiones, especialmente cuando los sistemas están bien diseñados y se aplican de forma sistemática.
En Europa, América del Norte y Oceanía, los sistemas de impuestos y transferencias redujeron sistemáticamente las brechas de ingresos en más del 30 %. Incluso en América Latina, las políticas redistributivas introducidas después de la década de 1990 han logrado grandes avances en la reducción de las brechas. La evidencia muestra que, en todas las regiones, las políticas redistributivas han sido eficaces para reducir la desigualdad, aunque con grandes variaciones.
La desigualdad global en el acceso al capital humano sigue siendo enorme: se sitúa en niveles posiblemente mucho mayores de lo que la mayoría de la gente imagina. En 2025, el gasto promedio en educación por niño en África Subsahariana se situó en tan solo 220 € (PPA), en comparación con los 7,430 € en Europa y los 9020 € en América del Norte y Oceanía (una brecha de más de 1 a 40.
La desigualdad también está profundamente arraigada en el sistema financiero global que se refleja de la siguiente manera:»Los países que emiten monedas de reserva pueden, de forma persistente, obtener préstamos a costos más bajos, prestar a tasas más altas y atraer ahorro global. En cambio, los países en desarrollo se enfrentan deudas costosas y una continua salida de ingresos… Los países en desarrollo se ven obligados a transferir recursos al exterior, con una capacidad limitada para invertir en educación, salud e infraestructura. Esta dinámica no solo consolida la desigualdad global, sino que también aumenta la desigualdad dentro de las naciones, a medida que se erosiona el margen fiscal para el desarrollo inclusivo.
El informe detenta una conclusión contrastante
Existen democracias frágiles y una crisis climática que afecta con mayor fuerza a quienes tienen menos responsabilidad, pero las posibilidades de reforma son igualmente claras. Donde la redistribución es fuerte, la tributación es justa y se prioriza la inversión social, la desigualdad se reduce. Las herramientas existen. El desafío es la voluntad política. Las decisiones que tomemos en los próximos años determinarán si la economía global continúa por una senda de concentración extrema o avanza hacia una prosperidad compartida.
