Graciela Salicrup, arquitecta de su propio destino

  • «Es imposible ser matemático, sin ser un poeta del alma» SOFIA KOVALEVSKAYA(1850-1891)

Zacatecas,(11-03-2026).-Pensar en la afición por las matemáticas como una forma de padecimiento
mental o emocional, se antoja en la actualidad no más que como una broma divertida. A cualquiera sorprendería, en pleno siglo XXI, que hubiese una familia mexicana cuya respuesta ante la inclinación de una de sus hijas por el quehacer matemático, haya decidido combatir su “loca idea” recurriendo a un tratamiento psiquiátrico. Tal fue el caso, a mediados del siglo XX, de la familia capitalina Salicrup López: una historia verdadera.
Graciela Beatriz Salicrup López (1935 – 1982) nace un 7 de abril en la ciudad de México en el seno de una familia de profesionistas. Sus padres, pese a contar con formación universitaria, al enterarse de las inquietudes matemáticas de la entonces adolescente Graciela, decidieron que tan inusual orientación debería ser producto de un desequilibrio mental, o por lo menos una desorientación que demandaba guía.
Una situación como la descrita hubo de terminar en el diván de un psiquiatra. Graciela acudía puntualmente a sus terapias mientras se convertía en una dedicada estudiante de arquitectura, profesión que sus progenitores consideraban más adecuada para una señorita en pleno uso de sus facultades mentales y a tono con desarrollo armónico de una “niña bien”.
La historia tiene un desenlace que bien podría ser producto de la imaginación teatral del ingenioso dramaturgo veracruzano Emilio Carballido (1925 – 2008). El psiquiatra encargado del tratamiento de la joven Graciela era el también juvenil facultativo Armando Hinojosa, con quien llegó la paciente a desarrollar tal cercanía que terminaron escuchando juntos la marcha nupcial en 1959, a unos meses de haberse graduado como arquitecta por la UNAM.
Una vez fuera del alcance de la influencia paterna, y con el apoyo de Armando, quien ya había decidido que su paciente se encontraba completamente sana, se inscribió en la Facultad de Ciencias de la misma UNAM en 1964, cuando ya era una arquitecta reconocida, habiendo trabajado
en colaboración con la arqueóloga italiana Laura Valentina Corsa (1914-2003), quien una vez casada con un francés cambió su nombre por el de Laurette Séjourné.

Ambas profesionales desarrollaron levantamientos arquitectónicos de interés en el sitio arqueológico de Teotihuacán, llegandola inquieta Graciela a dirigir algunas de las excavaciones.