¿Miedo a la inteligencia artificial?
Por Gabriel Páramo///Ágora Digital
Mercurio
Ciudad de México,(06-10-2025).-Últimamente me he dedicado a experimentar con IA, dentro de ciertos parámetros tales como solo usar aplicaciones públicas, comerciales y generalizadas. Tengo la curiosidad (esa que es madre de todos los vicios) de ver cuánto se parece a la inteligencia humana, que es la que conocemos, y de qué manera es diferente. Entre las conclusiones a las que he llegado es que la mayoría de las personas tenemos muy poca conciencia de lo que es la inteligencia, por más que tengamos muchas ideas preconcebidas de ella, lo que resulta en que somos incapaces de reconocerla, a menos que se parezca a lo que nos dictan esas ideas.
Venus
Cuando entablamos una conversación esperamos que las respuestas sigan cierto formato para que las entendamos. Hace varios lustros, mi papá (quien era director de Asuntos Escolares de la Escuela de Periodismo) decidió que los machotes de comunicados burocráticos como cartas de recomendación, constancias, peticiones o reconocimientos, se estaban escribiendo con un lenguaje rebuscado y que sería buena idea redactarlas correctamente, para lo cual el autor de libros como Vericuetos de la lengua española y profesor de la materia era un especialista.
Tierra
Se cambió, pues, el formato de esas cartas y el resultado fue extraño. A la gente le gustaban, pero no las entendían. Recuerdo a una alumna recibiendo una carta de recomendación y preguntando si sí la estaban recomendando o no. El experimento fracasó y poco tiempo después los documentos regresaron a los formatos establecidos, tal vez un poco depurados, pero básicamente sin mayores cambios. Lo mismo nos pasa cuando tratamos de reconocer la inteligencia. Si las IA nos responden como esperamos, creemos que en verdad son inteligentes y conscientes; si no, las desechamos.
Marte
Eso me lleva a pensar que como especie en general seríamos incapaces de reconocer la inteligencia ya no digamos de seres alienígenas, sino de creaturas terrícolas. ¿De qué podríamos hablar, por ejemplo, con los delfines y su mundo marino? ¿Con las aves y sus entornos aéreos? Hay dos cuentos, de los que hemos hablado ya en esta columna, que ilustran genialmente el tema. Se trata de “Mazes” (Laberintos) de Ursula K. Le Guin, publicado en 1975 en Omni, y de Ted Chiang “El gran silencio”, escrito en 2015 como acompañamiento a la instalación artística The Great Silence de Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla, en colaboración con el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico).
Cinturón de asteroides
Tengo la certeza de que los programadores de las IA no entienden claramente la inteligencia humana (tengo el prejuicio de que muchos programadores son, por decirlo de una manera suave y civilizada, “humanos, pero de una categoría muy particular”) y por ello sus aplicaciones responden lo que sea, literalmente, con tal de agradar al interlocutor humano, de hacerlo con mucha rapidez y sin cuidar mucho la certeza de lo que están respondiendo. Por ello, hasta el momento las IA son pésimas desarrollando textos de ficción, a los que llegan cuando mucho al nivel de los “escritores” por encargo que se preocupan más del volumen que del contenido.
Júpiter
Ah, pero para lo que sí son buenas las IA es para los textos administrativos. Esos quedan perfectos (claro, hay que dar las instrucciones adecuadas), con la claridad y una fealdad “hermosa” que ha sido la marca de identidad de la burocracia desde época de los romanos. Yo supongo (o quiero suponer) que en cuanto a procesos creativos las inteligencias artificiales aún están lejos de superarnos, pero también estoy convencido de que, si lo hacen, será por caminos que aún estamos lejos de dominar y comprender.
