Cuéntame un cuento, despierta mi imaginación, creemos momentos inolvidables

Colima,(28-07-2025).-La forma en la que un niño se desenvuelve en su entorno a través de palabras, gestos y actitudes te habla mucho del hogar en el que vive y es que lo ideal es que cada hogar sea, para los niños, un oasis, un espacio de paz, armonía y amor manifestados continuamente y a través de acciones concretas como ser alimentado, motivado, celebrado y apoyado tanto en logros como en tropiezos. Sin embargo, muchos de los niños con los que trabajo presentan situaciones que les impiden desarrollar su máximo potencial en el área escolar debido a conflictos al interior de su familia.

Algunas veces, los niños no son cuidados en primera instancia por sus padres, sino por abuelos u otros familiares que cubren las necesidades más básicas como alimentación, pero no pueden auxiliar en cuestiones educativas como tareas, repasos o dudas de los temas abordados en clases, tampoco ayudan a fomentar la lectura o la escritura, que constituyen habilidades lingüísticas básicas (junto a las habilidades matemáticas) para conseguir un mejor desempeño escolar en las demás áreas.

En otros casos, pese a que son los padres quienes se encargan del cuidado de los niños, no pasan tiempo suficiente con los niños para conocer sus inquietudes o para acompañarlos en realizar tareas o aclararles dudas acerca de los contenidos que revisan en las aulas. Ante esto, es frecuente que los niños hagan las tareas según se acuerden o comprendan lo que deben realizar o, si tienen la posibilidad, busquen apoyo en internet, pero también se presta para que no realicen las actividades debido a que no existe la vigilancia de los adultos ante las responsabilidades escolares.

Durante la fase diagnóstica de los talleres que imparto, con frecuencia platico con los padres acerca de las acciones realizadas para fomentar la lectura en sus hijos y preocupados me hablan de los esfuerzos en vano para mejorar su desempeño escolar. Parte de esta exploración que realizo implica conocer el tiempo compartido y las actividades que se realizan en conjunto padres e hijos y ya no me sorprende constatar que la mayoría de los padres con los que trabajo coinciden en el poco tiempo que pasan con sus hijos pues aseguran que las actividades habituales los absorben y consideran que es la escuela responsable absoluta de su formación.

Y en cierta forma los comprendo, la escuela cumple un rol muy importante, es la institución encargada de asignar docentes que forman a los niños y también ofrecen ayuda extra en caso de que algún niño lo requiera, o los canalizan a particulares como es mi caso. Sin embargo, el apoyo de los padres en el proceso educativo es primordial, puesto que los niños pasan medio tiempo en la escuela siguiendo indicaciones, y el otro medio tiempo en casa donde deberían tener un acompañamiento similar para complementar el aprendizaje obtenido en las aulas.

Antaño se realizaban actividades en las aulas para fomentar el gusto por la lectura y la escritura porque se le consideraba importantísimo que todos los niños dominaran estas habilidades y obtuvieran mejor aprovechamiento escolar. Antes, la lectura en voz alta era parte fundamental y el profesor guiaba a través de las filas a los alumnos para que a todos les tocara leer alguna parte, esta actividad cotidiana no solo buscaba fortalecer la lectura, sino que permitía mejorar la dicción, la entonación, la retención de información y, desde luego, la comprensión lectora.

Los tiempos han cambiado, las aulas están saturadas de alumnos y los procedimientos con los que laboran los profesores deben cumplirse a cabalidad y no queda el tiempo suficiente, aseguran algunos profesores de primaria con los que he conversado del tema, por lo que se ha dejado como una parte extracurricular, una estrategia que debería ser primordial y no complementaria. Pese a que las escuelas, privadas en su mayoría, incorporan programas de fomento a la lectura, motivando a los alumnos a la participación y apostando a mejorar su desempeño antes de que hagan su transición a la secundaria donde la forma de aprender cambia y evidencia las deficiencias educativas.

Puede ser que el fomento a la lectura tuviera su primer tropiezo desde el hogar porque es en casa donde los niños aprenden y adquieren el ejemplo ante muchas situaciones. Dice el refrán “lo que tiene la olla, saca la cuchara”. Efectivamente, porque no servirá de nada que las instituciones educativas, los sectores gubernamentales realicen eventos para promover la lectura si en casa no existe un momento de lectura en familia. Y se entiende que los padres de ahora deban salir a trabajar y regresen agotados, pero un cuento antes de dormir, o motivar a los niños a inventar historias mientras se van a la cama es un esfuerzo que puede lograr muchos cambios en los niños.

Parece una actividad que no es relevante, pero varios estudios aseguran la efectividad no solo en la forma en la que motivas al acercamiento al apasionante mundo de la lectura, sino que fortaleces lazos debido a la complicidad, a lo íntimo del momento que es acompañar a los niños a que tengan un buen descanso, pues esta actividad compartida invita a la relajación, enriquece su vocabulario, mejora su comunicación, estimula la imaginación y les ayuda a conciliar el sueño con mayor facilidad.

“No hay forma de que suelte la tableta o se despegue de la computadora” dice una de las señoras, a veces dice encontrarlo dormido encima de los aparatos electrónicos y se ha dado por vencida. No hay manera de luchar contra un aparato, dice. Pero es importante analizar qué está supliendo estos aparatos electrónicos, es verdad que la tecnología fortalece el aprendizaje de los niños, sin embargo, si celular o tableta fueron entregados para que el niño no haga ruido o ‘moleste’ existe una responsabilidad que debía asumirse y se eligió entretener para evitar contener.

Este caso es común y no solo ocurre con niños pequeños, adolescentes y casi adultos se concentran en la infinidad de posibilidad que ofrecen las redes sociales, entretenimiento banal, incluso peligroso, pero uno lo hace y el resto va tras la misma tendencia. Lo desafortunado de esto es el uso cerca de la hora de dormir, pues tantas luces y sonidos impiden que el niño o adolescente abandone el aparato y afecte su descanso. Pero, si los padres o tutores establecieran una dinámica que sugiera un horario de uso, nunca cerca de la hora de dormir y la cubran con juegos de mesa, cuentos y relatos o una rutina más relajada se aseguraría que se pudiera promover la convivencia familiar y un mejor descanso para todos en casa, lo que se vería también reflejado en el desempeño escolar.

El fomento a la lectura es un asunto de suma importancia porque todo el tiempo encontramos alumnos que pasan su vida académica con deficientes aprovechamientos en las asignaturas y se cree que tienen problemas de aprendizaje sin identificar, cuando la mayoría de las veces, no comprenden los contenidos porque no son capaces de tomar con rapidez notas o porque carecen de comprensión lectora. Por ello, intentemos desde nuestros hogares promover compartir cuentos con los niños, crear ambientes de calma y paz, ofrecer historias que los motiven a acercarse a la lectura, un hogar que se involucre es, sin duda, la clave para fortalecer el proceso de aprendizaje.

La autora es Maestra en Intervención Educativa por la Universidad de Colima.

blanca_flor_@hotmail.com