Ciudadano del mundo en tiempos de conflicto

Colima,(09-07-2025).-Superman ha vuelto. Otra vez. No es la primera ni será la última. Desde su creación en 1938, el personaje ha tenido muchísimas encarnaciones, desde las más luminosas y esperanzadoras hasta las más sombrías y perturbadoras. En cada caso, no ha sido simplemente una elección artística, sino que cada versión ha sido reflejo de su época. Por dar algunos ejemplos, el Superman de Reeve en los 70 reflejaba una necesidad de optimismo por el sentir post-Vietnam; el de Snyder y Cavill en la década pasada, con su tono oscuro y realista, fue producto de una época marcada por la desconfianza, el cinismo post-11 de septiembre y la narrativa del trauma, tono que también compartió Nolan con su trilogía sobre Batman. En cambio, este Superman 2025 parece construido desde otro lugar. Es uno más luminoso, cooperativo e incluso esperanzador.

Comparar versiones no tiene sentido si el objetivo es encontrar la “mejor”. Superman no es una pieza cerrada, sino un espejo cambiante. Lo que sí resulta interesante es preguntarnos qué dice de nosotras y nosotros esta nueva versión. ¿Qué dice de nuestro presente?

Un superhéroe que no quiere dominar

La película dirigida por James Gunn inicia con Superman interviniendo en una situación bélica entre dos países ficticios, pero fuertemente alegóricos. Uno de ellos, tecnológicamente superior y con respaldo internacional, principalmente de Estados Unidos, está a punto de aniquilar al otro. Y Superman decide interrumpir el ataque-invasión. Esta escena, de alto impacto visual, ya marca un tono claro y polémico, puesto que no nos muestra un superhéroe al servicio de una nación, sino de un principio. Elige proteger al más débil, incluso si eso implica incomodar a los poderosos. El eco del conflicto entre Palestina e Israel está presente para quienes queramos verlo. Esto ha desatado debates reales en los medios, a favor y en contra, siendo un reflejo real de lo que sucede en nuestro presente.

Esta no es la primera vez que Superman se distancia de la idea del nacionalismo. En cómics de la década pasada ya había renunciado a su ciudadanía estadounidense para declararse “ciudadano del mundo”. Lo interesante es que en 2025 esa idea se plantea no como provocación, sino como ética de base. Y es una ética que no responde con furia, sino con contención.

A diferencia de su predecesor cinematográfico, el Superman de Cavill, que partía de ser un hombre común y se convertía en un dios temido por el mundo, este Superman parece haber nacido con el poder, pero decide constantemente no usarlo del todo. La lucha no es únicamente contra villanos, sino contra el impulso de imponer su fuerza. En tiempos donde el abuso de poder es una constante global, este rasgo es profundamente político.

Color, contención y cómic

El diseño visual de la película es una referencia explícita al cómic. Los colores son vivos, los encuadres deliberadamente exagerados, las explosiones casi coreografiadas. Aquí no hay un intento por disfrazar la ficción de “realismo”, sino todo lo contrario: se utiliza la fantasía como lenguaje. Este Superman no necesita ser oscuro para buscar rasgos de profundidad.

Creo que la paleta de colores no es solo una decisión visual. También es una metáfora del personaje. Superman es luminoso no porque lo tenga todo resuelto, sino porque intenta actuar con responsabilidad. No se desborda, no arrasa, no destruye. En plena batalla, salva ardillas, se preocupa por auxiliar a un perro y evita daños colaterales incluso cuando su vida corre peligro. La contención aquí no es debilidad, es ética.

En este sentido, hay un guiño deliberado a la ternura. El perro Krypto, presentado como un compañero animal con el que comparte cierto vínculo emocional, no aparece sólo como alivio cómico, sino como símbolo de humanidad. Gunn, ya lo había demostrado en Guardianes de la galaxia 3, tiene un interés particular por los animales y su relación con la empatía. Krypto, un tanto desobediente, travieso y afectivo, funciona como ancla emocional del personaje.

Colectivo sobre individualidad

Otro de los ejes narrativos de esta nueva versión es la presencia de un equipo: la Justice Gang. Aunque con menos protagonismo que Superman por obvias razones, este equipo actúa de forma autónoma y complementaria. En una escena clave, mientras Superman contiene una fisura en Metrópolis, el resto del equipo conformado por personajes diversos y moralmente complejos logra evitar una masacre en la frontera de los dos países en conflicto. Es decir, la salvación no depende de un solo individuo, sino de una red.

Esta lógica también se refuerza en escenas más íntimas, como la conversación entre Clark y Lois, donde él observa, desde una ventana, cómo sus colegas enfrentan una batalla sin él. No interviene, no necesita liderar, no impone su poder, sino que confía en el resto. La delegación aquí, aunque presentada de forma cómica, es una forma de respeto.

En un panorama mediático saturado de héroes solitarios, vengadores, justicieros individuales, esta apuesta por el colectivo, aunque imperfecto, humano y discutible, es refrescante. Superman no es el centro de todo. No es indispensable y eso, paradójicamente, lo engrandece.

El mal sin carisma

En esta versión, Luthor es menos seductor y más unidimensional, casi caricaturesco. Para algunos, eso puede restar complejidad al conflicto. Pero puede haber una lectura alternativa ¿y si no se trata de empatizar con el mal? En tiempos donde los antagonistas se han vuelto populares y emocionalmente justificables, tal vez haya algo liberador en mostrar que la codicia, la crueldad o el deseo de poder no necesitan adornos. Esta versión de Luthor no busca comprensión sino control e imposición. Y eso, aunque puede resultar menos atractivo narrativamente, también puede ser más honesto.

Desde esta mirada, el mal no es un trauma mal resuelto, ni una herida de infancia sino una elección ideológica. Lex representa la idea de que el poder debe obedecer a la fuerza, al control, al miedo. Superman, por el contrario, elige limitarse porque sabe que hacerlo es la única manera de proteger.

Palestina, Israel y las metáforas incómodas

Volvamos a la escena inicial: un país poderoso ataca a otro más débil con drones. Superman detiene la ofensiva y desactiva los misiles sin dañar a los atacantes. Luego, junto con la Justice Gang, interviene para impedir una invasión total. La referencia a conflictos actuales es innegable. No se menciona directamente a Palestina e Israel, pero la metáfora es clara para quienes queramos verla y considerando el contexto de producción de una película de este tipo, también puede considerarse arriesgada.

En un contexto donde muchas producciones prefieren jugar a la neutralidad, esta película toma cierta postura desde el acto simbólico. Defender al indefenso, aunque eso implique enfrentar al poderoso. Elegir el camino incómodo y ser criticado. No todo es geopolítica, claro, pero hay algo profundamente político en el gesto de proteger a quien no puede protegerse.

Ciudadano del mundo

Quizá lo más potente de este Superman no es lo que dice, sino lo que deja de decir. No hay discursos patrióticos, ni banderas ondeando a cámara lenta, ni solemnidad forzada. Hay cercanía, humanidad y una ética del cuidado.

Superman no representa a Estados Unidos. Representa la posibilidad de actuar con poder sin caer en el autoritarismo. De tener fuerza y elegir no usarla. De salvar, incluso cuando no se te agradece. De confiar, incluso cuando sabes que podrías hacerlo solo.

Esa ciudadanía del mundo no es un gesto diplomático, sino una convicción profunda. El planeta es uno solo y las personas no valen más o menos por su país, por su armamento o por su religión. Eso, en 2025, no es poca cosa.

Esperanza, aún desde la contradicción

¿Sigue siendo Superman un producto de las corporaciones? Sí. ¿Sigue vinculado a una estética norteamericana, blanca, masculina? También. Pero sus reinterpretaciones, incluso dentro de esos márgenes, nos permiten leer el presente con otra mirada.

Este Superman es pertinente no porque sea nuevo, sino porque retoma lo antiguo con otra sensibilidad. No quiere enseñar, quiere acompañar. No quiere dominar, quiere proteger. No quiere tener siempre la razón, quiere hacer lo correcto. Y en un mundo saturado de discursos y carente de acciones, eso ya es bastante.

No será el último Superman y tampoco el último. Pero mientras siga preguntándose cómo usar su poder sin abusar, mientras siga rescatando ardillas, confiando en otros, defendiendo al débil y cuidando a su perro, habrá en él algo que valga la pena mirar…e imaginar.

Más información:

Stevens, M. (2025, julio 17). El nuevo Superman enfurece a los conservadores en EEUU. La Prensa. Recuperado de https://www.laprensa.hn/new-york-times-international-weekly/nuevo-superman-enfurece-conservadores-eeuu-AE26660303

Willmore, A. (2025, julio 8). Superman Isn’t Trying to Be Political. We Just Have Real‑Life Supervillains Now. Vulture. Recuperado de https://www.vulture.com/article/review-james-gunns-superman-cant-help-but-be-political.html

Julio Cuevas Romo, profesor-investigador de la Universidad de Colima. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de SECIHTI. Líneas de investigación: Procesos de enseñanza y aprendizaje de ciencias y matemáticas en contextos de diversidad, uso de narrativas audiovisuales para la enseñanza.

Correo: jcuevas0@ucol.mx

Sitio: https://www.researchgate.net/profile/Julio-Cuevas/research