El desafío de encontrar la «equis» en el México colonial
- La política es para el presente, pero una ecuación es para la eternidad… Albert Einstein (1879-1955).
Por Juan Antonio Pérez///Ágora Digital
Zacatecas,(13-10-2025).- Si alguna vez usted, caro lector, se ha sentido confundido, rebasado o incluso tal vez hasta ofendido por el uso de lenguaje científico, por ejemplo cuando el médico le explica lo inofensivo de un resfriado común, pero mediante el uso de lo más florido de su lenguaje técnico, el problema no es del médico solamente, es también de usted, es en realidad de todos nosotros.
El médico no quiere abrumarlo ni imponer una tarifa superior para sus honorarios. En realidad, debe usar un lenguaje preciso para no caer en amigüedades o imprecisiones, lo hace para sentirse bien consigo mismo en lo profesional. Y eso ocurre en todos los ámbitos del conociemiento. Cada profesión maneja una jerga que puede parecer petulante, pero cuyo objetivo es simplemente la claridad.
Algunas disciplinas incluyen en su terminología símbolos que, para quien no tenga familiaridad con ellos puede resultar hasta intelectualmente violento, aunque es más adecuado llamarlo «retador». Los símbolos también son portadores de precisión y de transparencia. Veamos: que hace frío en Nigeria no tiene el mismo significado que en Alaska, y así con muchos otros parámetros, cuya interpretación que puede ser localmente inequívoca, pero confusa en lo global. Una cifra en el termómetro elimina la subjetividad, o al menos parte de ella.
El texto presente tiene origen en un trabajo de investigación histórica de los matemáticos queretanos Julio César Ramos y Roberto Torres, publicado como capítulo en el libro «Apuntes para la Historia de las Matemáticas en México», y es mi deseo expresar agradecimiento al maestro Torres por haberme obsequiado tan útil y bella obra. En particular, trato hoy sobre el contenido del capítulo I, en el que se relata la obra matemática de Fray Diego Rodríguez (1569 – 1668), matemático mexicano electo por la
Universidad Real y Pontificia de la Nueva España para ocupar la primera Cátedra de Astrología y Matemática, en 1637, donde se distinguió por desvincular la ciencia de la teología, pese a su formación religiosa.
La simbología que hoy usamos de manera tan familiar se desarrolló a lo largo del siglo XVII en Europa, de modo que era desconocida para fray Diego. Luego, resolver una «igualación», que así llamaba fray Diego a las ecuaciones, requería habilidades por encima de la simple agudeza visual.
