¿En tu aula qué observas en los niños: problemas o necesidades diferentes de aprendizaje?

  • La ardilla corre, la ardilla vuela, la ardilla salta como locuela –Mamá, la ardilla ¿no va a la escuela? Amado Nervo

Colima,(25-10-2025).-Aunque compartan aula, cada niño es diferente, y en cuanto a las notas en clase algunos se esfuerzan por agradar a sus padres, otros lo hacen por aprender cosas nuevas, otros más para presumir a sus pares, pero todos proceden de escenarios diferentes. Padres divorciados, mamás solteras, padres ausentes, padres presentes. Cada escenario influye directamente en el desarrollo escolar de los niños porque las emociones que traen consigo son herramientas indispensables para el proceso de aprendizaje, algunas veces juegan a favor, otras no tanto. 

Los profesores valoran de forma especial a los más listos de la clase, a los que siempre llevan las tareas pulcras y completas, se cree que estos son los que más se esmeran, los que se hacen responsables y demuestran real interés en aprender, pero ¿ya se fijaron en aquellos que no alcanzan a completar las actividades, aquellos que no llevan las tareas o no se esmeran ‘suficiente’? Tal vez no es falta de ganas o motivación para aprender, sino problemas de aprendizaje o hasta consecuencias de ciertas situaciones en casa.

Las clases tienen una estructura y una preparación porque es importante llevar un orden, pero el acompañamiento, las adecuaciones o cualquier detalle que se requiera para enseñar debe realizarse conociendo las habilidades y aptitudes previas y el alcance de cada niño. No se trata de exigir que la enseñanza personalizada, en grupos numerosos es complicado, pero sí se debe identificar aquellos que tienen una forma diferente de aprender, y no para para señalarlo, sino para abonar a su crecimiento una vez que conozcamos la forma más adecuada para proveerle conocimientos.

En los últimos años hubo un incremento en los niños ‘identificados’ y canalizados con personal de servicios especializados en educación especial o psicología al notar, supuestamente, que su desempeño escolar se ha evaluado y se encuentra que sufre algún trastorno o síndrome definidos por el manual DSM-5, como sigue: el trastorno se define como una alteración en la cognición, la regulación emocional o el comportamiento mientras que el síndrome es un término que agrupa varios trastornos con características similares.

No hay duda de que los niños pueden presentar algunas condiciones que requieran atención especializada, pero luego de que un experto realice pruebas suficientes para determinar las necesidades educativas especiales o lo derive a la atención psicológica para identificar la mejor forma de ayudarlo en su proceso escolar. No se puede solamente decir que un niño tiene TDHA solo porque lo consideran con exceso de energía o conducta incontrolable o hablar de que un niño es lento y distraído cuando puede ser que tenga dislexia o simplemente en su hogar está viviendo una situación de violencia, problemas económicos o familiares que le tengan falto de concentración. Se vale analizar, buscar ayuda y dar solución, pero no hacer juicios sin valoraciones especializadas.

El pequeño tenía mucha energía, desde el preescolar quiso jugar fútbol, practicar karate y hacer natación y sus padres, creyendo que estas actividades físicas ayudarían a disminuir esa energía, aceptaron integrarlo a la mayor cantidad de actividades adicionales a su vida cotidiana. Pero el niño sigue igual, parece que las actividades lo recargan. Siempre quiere correr, brincar y además habla de lo que ve, habla de lo que aprende, habla de lo feliz que es. Habla mucho. Le encanta ir a la escuela, donde hace amistades con una facilidad asombrosa y es un líder nato. Se sienten muy afortunados.

Cursa tercer grado y Ana es su maestra favorita, ella imparte inglés y asegura estar muy satisfecha con la participación activa del niño -No importa si se equivoca, siempre está activo, busca hacer más dinámicas sus presentaciones y siempre cumple con las actividades en equipo, aunque a veces no trae las tareas. Creo que le cuesta trabajar individualmente -.

-No ha faltado un solo día, tiene una energía y una disciplina inquebrantables- dice Aldo, su profesor de karate. La disciplina y la responsabilidad son importantes para quienes hacen karate, pues se adquieren habilidades que deben usarse con precaución y responsabilidad.

Pasados 8 meses sigue jugando fútbol, yendo al karate y a natación, pero ya no está su maestra Ana, la clase de inglés es cada vez más difícil para él, debe memorizar y permanecer en silencio, si desea participar debe pedir permiso, a veces finge estar enfermo para no ir a la escuela. El resto de las clases son peor, a veces no entiende nada, pero no pregunta, una vez preguntó y la maestra le dijo, bueno, tú eres tonto o qué, ya expliqué eso tres veces, si dejaras de platicar y te pusieras en paz hubieras entendido algo. Sus compañeros se rieron y se sintió un poco triste. Desanimado. Solo.

El fútbol ya no le apasiona como antes, también ha dejado de parecerle divertido ir a natación, ya aprendió a nadar y les pide a sus papás una bicicleta para pasear en las tardes. No dejará karate, ya casi es cinta negra. Ha ganado primer lugar en todas sus competencias. Y su maestro siempre está contento y orgulloso de su desempeño. El karate todavía le sigue haciendo feliz.

Un año más, otro ciclo escolar, otro maestro, otras reglas. -No importa que te estés haciendo pipí, no vas a salir al baño, cada que sales te tardas media hora y además a veces que quedas platicando con otros niños en la cafetería. No, ya no tienes permiso de salir. Nadie. Todos los miran ahora, enojados porque ha molestado al profesor. Tiene amigos, pero afuera, ahí ya nadie le habla. Los conoce desde que tenía 4 años, pero ellos ya no son sus amigos.

-No irás más a karate, dice el maestro que solo piensas en pegarle a tus compañeros y no llevas ninguna tarea. Estás castigado y hasta que saques buenas calificaciones no volverás a karate-. El niño promete de todo, hacer las tareas, respetar indicaciones de su maestro, no hablar con sus compañeros, hasta aguantarse de ir al baño hasta la salida. Pero sus padres no quieren más excusas, la decisión es definitiva. Sin buenas calificaciones, se acaban las concesiones.

El amor que lo motivaba los primeros años de su vida se va convirtiendo en reproches, en quejas y el niño se va volviendo cada vez más rebelde, agresivo, violento. Va de escuela en escuela dejando una estela de mala reputación, quejas y molestias.  Y así casi a punto de cumplir 16 años, el niño pasó de ser elogiado por sus habilidades sociales a ser visto como un niño problemático, con energía de más y respeto de menos. Padres que se avergüenzan de sus calificaciones, profesores que solo ven faltas de respeto y compañeros que lo desprecian o temen. Unos días va a la escuela, otros no. Pelea dentro y fuera de las aulas. Con conocidos o con desconocidos. Algo en su interior le dice que así dejará de estar triste, pero no siempre funciona. Él no lo entiende, pero es producto de la ignorancia, el juicio y la intolerancia a lo diferente. Ya no recuerda ni a compañeros ni a sus maestros más recientes, pero extrañamente guarda la calidez de su maestra Ana, de su profesor Aldo y a veces cuando los recuerda siente que vuelve a ser feliz.

Las diferentes habilidades son las que enriquecen un grupo, pues mientras algunos sean hábiles para la memoria, otros tendrán destrezas motoras y solo aceptando las diferencias en integrándolas es que se puede aprender y adquirir otras herramientas que requieren práctica y dedicación. Las aulas representan el espacio ideal para emplear los dones que ya poseemos, pero también para adquirir con apoyo y guía habilidades sociales, emocionales, educativas con el fin de mejorar nuestro proceso de aprendizaje. Todos podemos aportar a nuestros semejantes, desde el respeto y la paciencia, porque no todos tenemos las mismas aptitudes, pero sí las mismas oportunidades.

En caso de que se detecte que algún niño tiene dificultades que van más allá de nuestro espacio para apoyar debemos dar aviso a las autoridades educativas y a padres de familia para que juntos se busquen soluciones que apoyen al niño en cuestión. Sin señalar, realizar las pruebas pertinentes y canalizar a las instancias adecuadas, además de pedir respeto y colaboración de los compañeros de clase para que superen juntos el proceso educativo.

Como docentes a veces olvidamos que los niños pueden estar viniendo a las aulas a encontrar un refugio después de que su hogar esté viviendo un duelo por divorcio, pérdidas físicas de familiares o amigos o algún otro suceso que esté interfiriendo en su concentración o en su desempeño y si el espacio escolar no brinda apoyo puede que lo que sea simplemente un estado momentáneo se transforme en una situación que desborde las emociones del niño e interfiera en su aprendizaje.

Aunado a esto, muchos estudios ahora nos han permitido conocer que los niños no aprenden de la misma manera, no siempre es porque tengan algún trastorno del desarrollo o del aprendizaje, simplemente cada uno aprende a su ritmo y se debe respetar y acompañar en el proceso, dando prioridad a su bienestar emocional, puesto que los señalamientos pueden dañar su autoestima y, por ende, afectar su proceso no solo educativo sino su sentido de pertenencia e identidad.  

Más información:

  • Rusca-Jordán, Fiorella & Cortez-Vergara, Carla (2020) Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en niños y adolescentes. Una revisión clínica. Revista de Neuro-Psiquiatría, 83 (3), 148-156. Consultado el 23 de septiembre de 2025 en https://doi.org/10.20453/rnp.v83i3.3794