¿Por qué todavía creemos que las matemáticas son cosa de hombres?

Colima,(06-06-2025).-¿Alguna vez has escuchado que las mujeres «no son tan buenas para las matemáticas»? Aunque parezca una idea del pasado, este tipo de frases sigue viva en muchas aulas, familias, libros y hasta en los programas de televisión o streaming que vemos. Pero lo más preocupante no es que existan, sino los efectos que tienen en quienes las escuchan, principalmente niñas, pues las llegan a interiorizar como verdades. Sin darnos cuenta, y por supuesto que, sin mala intención, nos volemos cómplices de una desigualdad sutil y silenciosa en uno de los campos más importantes del conocimiento como lo son las matemáticas.

Durante mi trayectoria como docente, tuve la oportunidad de realizar una serie de intervenciones en bachilleratos de la Universidad de Colima, donde me di a la tarea de analizar cómo los estereotipos y estigmas de género influyen en lo cotidiano de las y los estudiantes en lo que al aprendizaje de las matemáticas se refiere. Esto se fue transformando después en una investigación que tuvo el objetivo de entender cómo las y los jóvenes perciben su capacidad para aprender, qué barreras enfrentan, y de qué forma estas ideas preconcebidas afectan su desempeño y participación en clase. Lo que encontré no solo confirma lo que muchas estudiantes ya viven y saben, sino que nos obliga a actuar, pues el género sigue siendo una variable que condiciona la experiencia matemática.

Matemáticas con nombre y apellido

Los estereotipos de género siguen ejerciendo una fuerte influencia en los espacios educativos, pues históricamente, nuestra sociedad ha asignado roles diferenciados en función del género. Se espera que los hombres destaquen en campos lógico-matemáticos, a la vez que a las mujeres se les asocia con habilidades de cuidado emocionales o artísticas. Para muestra, basta buscar algunos datos sobre la cantidad de mujeres y hombres en carreras de los campos mencionados. Todas estas creencias, aunque en apariencia se les percibe como inofensivas, llegan a infiltrarse y arraigarse en las dinámicas de nuestras aulas.

En el desarrollo de mi investigación, he podido ser testiga de cómo estas ideas preconcebidas afectan la manera en que son valoradas las participaciones de las y los estudiantes. Por ejemplo, cuando un estudiante (varón) interviene de forma acertada, es común que desde la docencia se destaque su “talento” innato, mientras que a las estudiantes se les reconoce por su “esfuerzo” y/o “dedicación”. La diferencia, aunque sutil, refuerza y normaliza la idea de que los hombres tienen una habilidad natural para las matemáticas, pero que las mujeres deben compensarlo con trabajo duro, lo que reproduce inequidades simbólicas en lo que a reconocimiento académico se refiere.

¿Y qué hacemos?

En mi caso y desde mi formación docente, diseñé un taller para que las y los estudiantes tuvieran la oportunidad de reflexionar sobre estos estereotipos y, sobre todo, los efectos en su desempeño. Las intervenciones detonaron comentarios reveladores. Por mencionar un ejemplo, una estudiante nos compartió que nunca se había cuestionado si sus dudas en matemáticas tenían algo que ver con ser mujer, y cómo sentía que sus compañeros hombres parecían participar siempre con más confianza, independientemente si sus respuestas, en ambos casos, eran correctas o no.

También he notado que los hombres asumen estas diferencias como “naturales”, sin embargo, después de platicar sobre el tema con ellos, varios comenzaron a expresar sorpresa al descubrir como el trato docente, ejemplos en clase y hasta los libros escolares pueden estar reforzando estas ideas que invisibilizan a las mujeres.

Construir una educación en general y educación matemática en particular desde una perspectiva de género requiere tiempo, pero puede comenzar con una actitud crítica y transformadora desde las aulas. Un primer paso es visibilizar los estereotipos que influyen en cómo estudiantes, docentes y familias perciben las habilidades matemáticas según el género. Abrir espacios de diálogo permite al estudiantado cuestionar creencias que antes asumía como normales. Es crucial fomentar una participación equitativa, donde todas y todos sean escuchados, valorados y reconocidos sin sesgos. Las interacciones deben evitar reproducir roles tradicionales que colocan a los varones al frente al dominio de lo matemático y a las mujeres en un segundo plano.

El compromiso de quienes educamos es fundamental, pues nuestras expectativas, comentarios y prácticas pueden reforzar estereotipos de forma inconsciente. Necesitamos revisar críticamente nuestras estrategias pedagógicas y promover una enseñanza inclusiva que contribuya a una cultura de equidad en el aula. ¿Por qué seguimos asociando las matemáticas con lo masculino? ¿Qué perdemos como sociedad al dejar fuera a tantas estudiantes talentosas? ¿Qué papel tenemos como docentes, madres, padres o compañeros en esta situación?

Transformar la enseñanza de las matemáticas con perspectiva de género no es solo una cuestión de justicia social sino una apuesta por el conocimiento, por el talento y por un futuro más equitativo donde nadie sienta que pertenece (o no) a un campo del conocimiento en función de estigmas.

La autora es egresada de la Licenciatura en Enseñanza de las Matemáticas de la Universidad de Colima. Ha participado en diversos proyectos intervención educativa de ciencias en contextos rurales y de fomento a la lectura.

Correo: drenteria6@ucol.mx

Más información:

Mizala Salces, A. (2018). Género, cultura y desempeño en matemáticas. Anales De La

Universidad De Chile, (14), pp. 125–150. https://doi.org/10.5354/0717-8883.2018.51143

Rojas, B. M., & Correa, A. D. (2014) ¿El género en las matemáticas? Un análisis de los

resultados de las olimpíadas matemáticas. Escenarios, 12(1), 7-16